Es adecuado para cualquier tipo de cocinado, guisos, estofados, salsas, rebozados…puesto que mantiene sus propiedades incluso en frituras, aunque no es aconsejable someterlo a temperaturas excesivamente altas, ya que podría quemarse. Aunque no cabe duda, que como mejor se disfruta es en crudo, sobre una tostada en el desayuno, un bocadillo en la merienda, como aliño en ensaladas, verduras o pastas, como conservante de quesos, embutidos, carnes o pescados marinados (anchoas, salmón, atún) y todo lo que se te ocurra.
Únicamente desaconsejamos su uso en preparaciones que requieran de sabores suaves o delicados y en repostería, aunque esto puede depender del gusto y costumbre de cada persona.
Como ejemplo entrañable, puedo citar a la abuela Paqui, quien aún hoy, muchas veces pone azúcar sobre sus tostadas de pan y aceite, ya que según dice, le recuerda a las meriendas que su madre le daba de niña, porque” NO HABÍA OTRA COSA”, a lo cual yo le contesto, “NO HABÍA OTRA COSA MEJOR”
No me atrevería a decir que más rica no hay, pero sí me atrevería a decir que más sana pocas.
Ojalá la merienda de nuestros niños y nuestra alimentación en general siga siendo así de saludable, y sigamos conservando nuestra tradicional y maravillosa dieta mediterránea.